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Dolor de hombro y rodilla al hacer deporte: ¿cuándo ayuda la terapia conservadora y cuándo es conveniente una prótesis articular?

El deporte nos mantiene en forma, fortalece el sistema cardiovascular y proporciona el equilibrio necesario en el día a día. Sin embargo, con el aumento de la edad o debido a una carga intensa durante años, las articulaciones suelen enviar señales de advertencia. Especialmente el dolor de hombro y de rodilla son molestias frecuentes en adultos deportistas. ¿A partir de cuándo es este dolor un caso para el traumatólogo y cuándo entra realmente en juego el tema del reemplazo articular (prótesis)?
Esta guía del Dr. Markus Riedl analiza las causas, muestra las vías de tratamiento y aclara la pregunta decisiva: ¿cuándo es el momento adecuado para una prótesis?

 

1. La articulación de la rodilla: picos de carga y desgaste en el deporte

La rodilla soporta varias veces nuestro peso corporal en deportes como el running, el tenis, el fútbol o el esquí. Está expuesta a fuerzas extremas de impacto y cizallamiento.

 

Molestias frecuentes al hacer deporte

  • Dolor de arranque: la rodilla se siente rígida por la mañana o antes de hacer deporte y solo se «calienta» tras unos minutos de movimiento.
  • Dolor por esfuerzo: el dolor aparece directamente al hacer sentadillas, al bajar cuestas o después de una sesión larga de running.
  • Dolor en reposo e inflamación: la articulación se calienta después del deporte, se hincha o incluso duele durante la noche.

 

Las causas: del menisco a la artrosis
A menudo, detrás de los dolores agudos se encuentran sobrecargas de las inserciones tendinosas (p. ej., el síndrome de la punta de la rótula) o daños en el menisco. Sin embargo, si las molestias se vuelven crónicas y aparecen independientemente del tipo de deporte, la causa suele ser el desgaste progresivo del cartílago articular: la gonartrosis.

 

 

2. El hombro: movilidad frente a estabilidad

A diferencia de la rodilla, el hombro es una articulación asegurada puramente por músculos y tendones con un rango de movimiento enorme. Se le exige especialmente en el entrenamiento de fuerza, la natación, el voleibol o el tenis.

 

Molestias frecuentes al hacer deporte

  • Síndrome de pinzamiento (impingement): un dolor punzante al levantar el brazo lateralmente (a menudo entre 60° y 120°), causado por un estrechamiento bajo el acromion.
  • Lesión del manguito rotador: falta de fuerza y dolor al trabajar por encima de la cabeza o en movimientos de lanzamiento, a menudo debido a pequeños desgarros en los tendones.
  • Artrosis de hombro (omartrosis): un dolor constante, profundo y sordo que limita cada vez más la movilidad del brazo en todas las direcciones.

 

3. El camino de la terapia: lo conservador antes que lo quirúrgico

El principio más importante de la traumatología moderna es: una prótesis siempre está al final del camino terapéutico. Antes de plantearse una operación, deben haberse agotado todas las opciones conservadoras.

  • Fisioterapia y fortalecimiento muscular específico: unos músculos fuertes alivian la articulación. Un entrenamiento específico de la musculatura del muslo estabiliza la rodilla; un entrenamiento del manguito rotador centra la cabeza del húmero en la cavidad glenoidea.
  • Terapia farmacológica: tratamiento temporal con analgésicos antiinflamatorios (antiinflamatorios no esteroideos, AINE), así como infiltraciones locales si es necesario (p. ej., con cortisona, ácido hialurónico o plasma rico en plaquetas (PRP/ACP)) para aliviar el dolor, mejorar la función articular y, según la indicación, para apoyar la regeneración del cartílago.
  • Cambio de deporte: sustituir temporalmente los deportes de impacto (deportes de «stop-and-go») por alternativas que cuiden las articulaciones, como el ciclismo, el aqua-running o la natación a crol.

 

 

4. ¿Cuándo necesito una prótesis? Los criterios decisivos

El diagnóstico de «artrosis» en una radiografía por sí solo no es motivo para una articulación artificial. Una prótesis (prótesis total de rodilla o de hombro) se convierte en una opción cuando la calidad de vida se ve limitada de forma masiva y permanente.

 

Las siguientes preguntas sirven como ayuda para decidir:

  • ¿Se han agotado las medidas conservadoras? Cuando la fisioterapia, las infiltraciones y los medicamentos ya no aportan un alivio significativo después de meses.
  • ¿Existe un dolor permanente en reposo? Cuando el dolor te despierta regularmente por la noche y destruye la calidad del sueño.
  • ¿Está el día a día muy limitado? Cuando las distancias cortas a pie, subir escaleras o ponerse la chaqueta se convierten en un suplicio.
  • ¿Cuál es el nivel de sufrimiento? Cuando renunciar al movimiento y a las actividades sociales conlleva una pérdida considerable de la alegría de vivir.

 

Los implantes más modernos y las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas permiten hoy en día que los pacientes, tras una rehabilitación exitosa y la correspondiente fase de curación, puedan volver a practicar a menudo deportes suaves para las articulaciones (como senderismo, ciclismo o golf) sin dolor.

 

 

Conclusión y recomendación

No deberías ignorar el dolor al hacer deporte ni «reprimirlo» permanentemente con analgésicos. Son una señal de advertencia del cuerpo. Cuanto antes se detecten causas como las cargas incorrectas o los daños en el cartílago, mejor se podrá frenar el desgaste. Una prótesis no es motivo de miedo, sino un paso probado para volver a una vida activa y sin dolor; eso sí, solo cuando tu propia articulación ya no te deje espacios sin dolor en tu día a día.
Si las molestias persisten, busca pronto el asesoramiento de un especialista para crear tu plan de terapia individualizado.